lección de historia, tomo II

Ya lo dijimos aquí. Para aquellos cuya ansiedad les impide aguardar pacientemente hasta el 4 de noviembre, lo que sigue es la segunda (y penúltima) cuota.

boom, la historia (segunda entrega)

La génesis de la valentía y el coraje editorial no estaba exclusivamente cifrada en la naturaleza de los temas abordados sino, ante todo, en el contexto histórico que enmarcó la publicación de los veintidós números de la revista. En junio de 1966, la autodenominada Revolución Argentina, comandada por el general Juan Carlos Onganía, había derrocado al gobierno constitucional de Arturo Illia e instaurado un férreo régimen militar-dictatorial particularmente preocupado, echando mano al lugar común predilecto de las dictaduras latinoamericanas, por el resguardo de los valores éticos y morales del cristianismo occidental frente al progresivo avance del comunismo internacional. En plan de acometer decididamente con la cruzada anticomunista, Onganía emprendió una cruda represión contra cualquier manifestación cultural, social, intelectual o académica susceptible de ser incorporada a la serie de peligros endémicos para la Nación, categoría en la que entraba prácticamente todo.

boom, entonces, desafió abiertamente la voluntad censora del Onganiato. Desde el interior del país surgía una publicación que se atrevía a colocar en portada cuestiones íntimamente reñidas con las pretensiones occidentales y cristianas que alumbraban el delirado discurso de la Revolución Argentina. “boom –apunta Ielpi en su artículo Boom, un cuarto de siglo después– hacía en pleno régimen autoritario (…) un ejercicio de periodismo independiente, de neto corte progresista, que era poco menos que una novedad en el periodismo rosarino sino una revolución”. Bien por el abordaje de cuestiones verdaderamente delicadas en el ámbito de un gobierno dictatorial afecto a la represión cultural y del librepensamiento, bien por la inclusión de artículos o columnas de opinión desde donde se cuestionaba sin miramientos al presidente de facto y la legitimidad de su régimen, la revista se colocó en una perspectiva claramente opositora.

La materialización más cristalina del compromiso periodístico de boom la constituyó, tal vez, la cobertura que la revista dedicó al Rosariazo. En su edición de junio de 1969, con la habitual ilustración de cubierta de Fontanarrosa, la publicación tituló “La batalla de Rosario” y se convirtió en uno de los pocos medios locales en ocuparse de la rebelión urbana más trascendente de la historia de la ciudad. Según Ielpi, “la cobertura de la jornada del Rosariazo de mayo de 1969 (…) sigue siendo aún hoy una fuente de información minuciosa sobre los hechos que convertirían a Rosario en noticia internacional: por el acopio de material, por el material fotográfico, pero sobre todo por el enfoque opositor al régimen que presidía todo el informe”.

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